La coyuntura política chilena

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Michelle Bachelet amenaza rechazar la candidatura (presidencial)

por Manuel Salazar Salvo (Revista Punto Final)*        

 

La ex presidenta Michelle Bachelet hizo saber a los máximos dirigentes de la Concertación su profundo disgusto por la crisis que afecta a la coalición. Les manifestó, incluso, que en este momento no hace pública su decisión de no repostular a La Moneda para no agravar la situación, en vísperas de las elecciones municipales.

 

Agregó que -de no resolverse los problemas- inmediatamente después de los comicios del 28 de octubre comunicará su resolución y renovará por otros dos años su contrato con la ONU. Todo esto según una fuente concertacionista que pidió a PF mantener su identidad en reserva.

 

El amenazante mensaje de Bachelet encendió alarmas de naufragio en las cúpulas de la Concertación, en especial en el Partido Socialista y en la Democracia Cristiana, que se han abocado con mayor diligencia a tratar de frenar los ímpetus del eje conformado por el Partido por la Democracia, el Partido Radical, el Partido Comunista y la Izquierda Ciudadana (ex Cristiana), agrupados para las elecciones de concejales en la lista Por un Chile Justo.

 

Los urgentes llamados a la “unidad” efectuados por dirigentes enterados de la amenaza de Bachelet han tropezado, sin embargo, con el afán del PPD (Partido por la Democracia) y sus aliados de diferenciarse del pacto PS-PDC (socialistas y democrata cristianos) y de levantar una plataforma programática que incorpore las principales reivindicaciones del movimiento social, entre ellas el llamado a una Asamblea Constituyente, educación y salud gratuitas, una profunda reforma tributaria y la nacionalización de recursos energéticos.

 

Los resultados de los comicios municipales, tanto en alcaldes como en concejales, medirán las fuerzas de los dos pactos concertacionistas y -probablemente- determinarán sus futuras alianzas y los contenidos del o de los programas que presenten en las elecciones parlamentarias y presidenciales del próximo año.

 

Michelle Bachelet se siente próxima a los postulados de la troika socialista de Camilo Escalona, Osvaldo Andrade y Francisco Aleuy, los mosqueteros de la denominada Nueva Izquierda, que privilegian los acuerdos con el PDC y el mantenimiento del estatus político e institucional, aspirando sólo al cambio del sistema binominal y a un maquillaje constitucional efectuado a través de una comisión parlamentaria bicameral.

 

La hora final

 

Una posible “bajada” de Bachelet significaría el quiebre de la Concertación y el nacimiento de dos nuevos referentes: uno encabezado por el PPD y sus actuales aliados, mirando hacia la Izquierda; y otro, dirigido por el PS y el PDC, de cara hacia los sectores más liberales de la derecha. En este escenario, es probable que en casi todos los partidos haya una fuga de militantes. Los seguidores del ex presidente Ricardo Lagos en el PPD, el llamado “laguismo pepedeísta” encabezado por los diputados Jorge Tarud, Marco Antonio Núñez, María Antonieta Saa y Felipe Harboe, entre otros, han sido muy críticos del acercamiento al PC y a otros grupos de Izquierda y preferirían mantenerse junto al PS y la DC. Desde el PS, mientras, sectores importantes de su dirigencia intermedia y de la militancia optarían por emigrar a otra tienda o constituir un nuevo referente socialista, como ha ocurrido otras veces en la historia de ese partido.

 

En cualquier caso, el retiro de Bachelet de la competencia por la Presidencia de la República dejaría como participantes en una primaria concertacionista a Andrés Velasco (independiente, del ala derecha de la Concertacion), José Antonio Gómez (PR), Claudio Orrego y Ximena Rincón (ambos DC), ninguno de los cuales logra prender en las encuestas. Sorprendentemente, sin ser precandidato, el único concertacionista que aparece mejor evaluado en las consultas es el senador PPD Ricardo Lagos Weber.

 

Otro factor relevante que inquieta a Escalona y a sus aliados del PDC es Marco Enríquez-Ominami, quien en la mayoría de las encuestas figura por sobre los precandidatos presidenciales de oposición, excepto la actual secretaria de ONU Mujer. Incluso el ex ministro Francisco Vidal, muy próximo a Bachelet y encargado programático del PPD, ha sostenido que si la ex presidenta renuncia a postular, la Concertación en su conjunto debería tratar de llegar a un acuerdo con Enríquez-Ominami para apoyarlo en su camino a La Moneda. De hecho, el programa que levanta el pacto Por un Chile Justo se asemeja mucho al de MEO, proclamado por su partido en el Teatro Caupolicán.

 

Enríquez-Ominami y el Partido Progresista levantaron más de mil candidatos a alcaldes y concejales en doce de las quince regiones del país. La votación que recojan el 28 de octubre será considerada un indicador relevante de su futuro político.

 

El desesperado afán de las dirigencias “bacheletistas” del PS y del PDC por ordenar a la Concertación detrás de la ex mandataria con la única pretensión de retornar a La Moneda, pero sin atender seriamente las demandas ciudadanas, podría acarrear graves consecuencias a un nuevo posible gobierno de Bachelet. Si las peticiones del movimiento estudiantil y de crecientes grupos ciudadanos organizados no son escuchadas, es probable que éstas resurjan con más fuerza haciendo ingobernable el país, poniendo en constante zozobra a las instituciones y sacudiendo hasta sus cimientos el modelo neoliberal vigente. Esto lo han percibido algunos miembros de la oposición y han obrado en consecuencia, insistiendo en que la candidatura de Bachelet requiere no sólo de su reconocido carisma y simpatía, sino también de un programa claro y transparente, que incorpore las demandas populares y emprenda transformaciones de fondo del sistema económico y político.

 

El ex presidente Ricardo Lagos Escobar, entretanto, aumentó sus intervenciones públicas insistiendo en que diversas iniciativas de su gobierno fueron suspendidas o discontinuadas en la administración de Bachelet, como ocurrió -por ejemplo- con proyectos de obras públicas y de vivienda y urbanismo. Muchos “laguistas” no olvidan que los equipos de Bachelet, recién llegados al poder en 2006, desmontaron en los ministerios y servicios públicos las estructuras creadas por Frei y Lagos en sus respectivos gobiernos, las que se habían mantenido casi intactas desde 1994 hasta 2005. Algunos de los afectados recuerdan que en el sector público hubo más despidos tras la llegada de Bachelet que los registrados luego que asumiera Sebastián Piñera. Lagos Escobar, creen sus cercanos, podría ser el reemplazante de Bachelet si ésta decide no postular. Sin embargo, reconocen que Lagos podría ser derrotado con facilidad por Golborne.

 

La marginación de Bachelet de la carrera presidencial provocaría también un completo reacomodo de los candidatos opositores al Senado y a la Cámara de Diputados, donde muchos ya se sienten con el número puesto si la abanderada fuera la actual funcionaria de la ONU. Las senadurías de Camilo Escalona, Jorge Pizarro, Soledad Alvear y Eduardo Frei, entre otras, rigurosamente acomodadas por las actuales dirigencias concertacionistas, se verían amenazadas por aspirantes de variados orígenes políticos. Lo mismo, aunque con mayor intensidad, se observaría en la competencia por llegar a la Cámara Baja.

 

Los comicios municipales

 

Cuando faltan dos semanas para los comicios municipales (28/10), las encuestas revelan una dura competencia por las alcaldías en gran parte de las comunas emblemáticas, donde el factor determinante serán los casi 4,5 millones de nuevos votantes, sumándose a los 8,5 millones que existían, totalizando un universo electoral de unos catorce millones de personas.

 

En las últimas elecciones de alcaldes, en 2008, la derechista Alianza por Chile obtuvo 40,49% de los sufragios; la Concertación -en dos listas-, un 38,43%, y el resto de las fuerzas, agrupadas en otros pactos e independientes, 21,08%. Las votaciones para concejales, en tanto, entregaron un 45,20% para la Concertación, 36,05% para la Alianza y 18,25% para el resto.

 

La Alianza se impuso aquella vez por primera vez desde 1989 y la Concertación perdió 62 alcaldes, entre ellos los de trece de las quince capitales regionales, manteniendo sólo las ciudades de La Serena y Puerto Montt. En la Región Metropolitana, la Alianza triunfó en 27 municipios y la Concertación en 20. Entre los municipios más importantes que perdió la Concertación figuraron Santiago, Valparaíso, Rancagua, Talca, Linares, Chillán, Coronel, San Carlos, Angol, Temuco, Corral, Ancud, Cerro Navia, Conchalí, Quilicura y San Bernardo.

 

La derecha se alineó en esta oportunidad en una sola lista para tratar de repetir los resultados de 2008 y mantener la mayoría de las alcaldías de las principales ciudades. En la UDI y RN saben que la tarea será muy difícil y que solo unidos tienen posibilidad de conseguirla. Dos factores son los que más los inquietan: el deterioro del gobierno de Piñera en relación a 2009 y la suma de los votos de la Concertación con los del desaparecido pacto Juntos Podemos Más, encabezado por el PC. En 2008 consiguió 6,36% de los votos en alcaldes y el 9,07% en concejales. En el papel, de repetirse la votación conseguida por los dos principales conglomerados hoy opositores, sumarían cerca del 49% en alcaldes y casi 55% en concejales, sin contar la votación de los independientes que les apoyan.

 

La inquietud de las tiendas oficialistas se ahonda al pensar en la perspectiva de perder las principales comunas, como Santiago, Valparaíso, Concepción y Temuco, además de bastiones metropolitanos emblemáticos como Providencia, Puente Alto, San Bernardo y Estación Central. Su peor balance sería perder en Santiago, Valparaíso, Concepción, Temuco, Antofagasta, Talca y Rancagua, además de las comunas aledañas al centro cívico de la capital, es decir Providencia, Recoleta, Quinta Normal, Independencia, San Joaquín y Cerrillos.

 

En los últimos días, los candidatos del oficialismo desplegaron una gigantesca campaña de propaganda y un ejército de ayudistas financiados con millonarios recursos en un desesperado intento por no perder las principales comunas. En los carteles y “palomas” que pueblan avenidas y parques de las ciudades no aparece la figura del presidente Piñera, que enfrentó a comienzos de octubre una de las semanas más negras de su administración al fracasar la licitación del litio y conocerse un bochornoso escándalo en el Ministerio del Interior con dineros destinados a financiar el combate contra las drogas.

 

Los sobresaltos del gobierno, sin embargo, parecen no afectar a los dos precandidatos presidenciales del sector, los ministros Laurence Golborne y Andrés Allamand, que esperan el resultado de los comicios municipales y el desempeño de la UDI y de RN para mover sus piezas en la disputa por transformarse en el abanderado de la derecha. Hasta ahora Golborne, arropado en el gabinete de Piñera, lleva clara ventaja, pero cuando se despoje del aura ministerial quedará expuesto a la rudeza de la política en las calles y al desempeño y experiencia que en ese escenario tiene el actual ministro de Defensa.

 

Así, tanto en las filas de la derecha como en la Concertación aún no se define nada de cara al tramo final de las elecciones presidenciales. El único que ya está en la cancha, dispuesto a llegar hasta el final -según dice- es el sorprendente Marco Enríquez-Ominami.

*) Publicado en “Punto Final”, edición Nº 768, 12/ de octubre, 2012

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