¿Quién es Mauricio Rodas? La derecha inventa su candidato restaurador en Ecuador

¿Quién es Mauricio Rodas?

La derecha inventa su candidato restaurador en Ecuador

Álvaro Verzi Rangel*

Persisten en nuestra región los intentos restauradores del viejo orden neoliberal y los permanentes ataques a la soberanía de nuestros países y pueblos. Las fuerzas más reaccionarias han intensificado nuevamente sus campañas para desestabilizar a varios gobiernos latinoamericanos –el venezolano, el boliviano y el ecuatoriano en lo social, económico y militar; el argentino y el brasileño en lo financiero- en una experiencia que bien puede aplicarse en cualquier otro país cuyos recursos naturales sean apetecidos por las potencias centrales.

Luego del golpe mediático en Venezuela en abril de 2002, se han venido sucediendo una serie de intentos de “golpes blandos” en América Latina, como los verificados y frustrados en Bolivia y Ecuador, y los -lamentablemente- victoriosos en Honduras y Paraguay. Los intentos de desestabilización siguen vigentes en Venezuela, Bolivia y Ecuador; también en Argentina y Brasil.

Desde que Rafael Correa asumió por primera vez la presidencia, en 2007, ha tenido que enfrentar numerosas protestas para minar su poder y un intento de golpe en 2010. En muchas de ellas se unen fuerzas muy disimiles, que van desde los partidos de derecha históricos y los sectores más poderosos del país, hasta movimientos sociales que –paradojalmente- califican a Correa como “de derecha”. Todos ellos, apoyados por los medios de comunicación tradicionales, tienen el mismo objetivo de provocar su caída.

Hoy las fuerzas de la derecha no necesitan tanquetas: controlan los medios masivos de información y comunicación. No por esto la burguesía se ha resignado a no controlar el poder, y si antes daba golpes cuartelarios, hoy da golpes «constitucionales» y «mediáticos».

Crear insatisfacción permanente es uno de los primeros pasos de la estrategia golpista a través de los medios comerciales, así como presentar a los gobernantes como corruptos, hegemonistas y despóticos, dice el académico argentino Roberto Follari. En América Latina, añade, se puede insultar al gobernante todos los días sin que haya ninguna censura previa ni requisas posteriores de material como sucedía en las dictaduras. Y eso es lo que hace la derecha ecuatoriano, en especial sus blogueros.

La derecha está en la búsqueda de nuevos líderes que trata de imponer. Suelen incluso copiar el discurso progresista. Intentan imponer el imaginario del mundo al revés en un acto transformista: La izquierda sería el poder, la fuerza, la represión y la censura, responsable de la crisis y los ilegitimados; la derecha se disfraza con rostro de pueblo, de jóvenes, de quienes ponen las víctimas, los censurados, los que reclaman contra la inflación y el desabastecimiento, y pasan a tener patente de demócratas reconocidos y son alentados por los grandes medios cartelizados de gran parte del mundo. Sin duda, los medios son parte de la batalla y no meros informadores: la guerra es cultural, ideológica.

La derecha no ha logrado un fenotipo de candidato: en Ecuador propone a un desconocido (outsider); en Bolivia y en Chile a un gran empresario; en Venezuela (Capriles), Argentina (Massa) y Uruguay (Lacalle) a jóvenes políticos que siguen proponiendo un regreso al neoliberalismo y su inequidad. Podrán disfrazarse, trasvestirse de centroizquierdistas, pero se les nota los grilletes del neoliberalismo. Podrán encontrar caritas frescas y sonrientes, pero eso sólo no basta. Falta creatividad, incluso un baño de realidad…, pese a contar con financiamiento internacional, grandes aparatos, las grandes agencias de publicidad y toda la prensa hegemónica.

El candidato que busca la derecha, de ser posible, debe ser joven. Si es guapo, mucho mejor. Cuanto menos confronte, más vale. Siempre dispuesto a sacar un aprobado sin importar que sea sobresaliente. Se ruega altamente disciplinado; sin tentaciones para salirse del guión. Cuanto menos improvise, mucho mejor.

“No conviene exceso de verborragia; se prefiere la palabra justa. Destreza y capacidad política no excluyente. Cuanto menos hábito y experiencia, mucho mejor. Todo se aprende y moldea en las técnicas de mercadeo político de moda”, señala Alfredo Serrano. Este patrón común responde al nuevo currículum exigido en América latina para ser aspirante a ganar elecciones frente a los proyectos post-neoliberales en el siglo XXI.

Hasta ahora eran los centros de estudios de Estados Unidos los que mayor influencia tenían en la región, lo que parece estar cambiando, con la influencia de, por ejemplo, la española Fundación de Análisis y Estudios Sociales (FAES), desde donde el ex presidente español José María Aznar influye en los partidos de derecha –liberales, democristianos y conservadores– de América Latina.

Inventando a Mauricio Rodas

En el caso de Ecuador, la figura de Mauricio Rodas, hoy alcalde de Quito, representa lo mismo que Henrique Capriles y Leopoldo López para Venezuela: son los peones en el tablero de desestabilización trazado por Estados Unidos para América Latina, a través de sus agencias de promoción a la subversion como Usaid, Ned, Freedom House, Iri, atizando los procesos desestabilizadores en la región, fundamentalmente en los paises del Alba.

Rodas es el eslabón principal de la derecha regional para sus acciones contra el gobierno de la Revolución Ciudadana. Es un principiante político, un outsider: inició su carrera política en el 2010, lanzándose luego a la candidatura presidencial en la elección del 2013, donde obtuvo el magro resultado del 4% (cuarto lugar).

El actual alcalde participó en 2007 en la Fundación Ethos en México, “laboratorio de políticas públicas” o think tank”destinado a formar una cadena de líderes y crear una línea de pensamiento ideológico y político que irrumpa como “alternativa” al fracaso absoluto de la partidocracia latinoamericana, en su inútil intento por resistirse a los avances de la lucha por la liberación social y nacional de sus países.

Ha sido por varios años director general de esta ONG, con presupuestos declarados superiores a los 8 millones de dólares anuales, financiados por instituciones gubernamentales, empresas y organismos de la extrema derecha estadounidense,tales como las fundaciones CATO, Kellog, Carnegie Endowment for international Peace y Corcovado, el ultraconservador Hudson Institute, el Foro Económico Mundial, todas ellas receptoras de fondos de la National Endowment for Democracy (NED) y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).

Entre las operaciones que realiza la Fundación Ethos para golpear la credibilidad e imagen de los gobiernos progresistas como Venezuela, Bolivia, Argentina y Ecuador figuran informes e intervenciones constantes en medios de comunicación, efectuadas por su vocero y director general para defender las políticas neoliberales y denostar regulaciones estatales, a las que considera nefastas. Para sus intervenciones cuenta con el apoyo de la cadena estadounidense CNN y de muchos otros medios latinoamericanos, vinculados a las élites económicas.

Quizá el producto ideológico más acabado de Ethos es del denominado “índice compuesto para medir la pobreza”, una “encuesta de percepción”, con cifras supuestamente basadas en las provistas por el Banco Mundial, el Foro Económico Mundial, la Freedom House, con los que Rodas intentó demostrar que coincidentemente los países más pobres son Venezuela, Ecuador y Bolivia, entre ocho estudiados, atacando a las mediciones de Cepal y Unicef. Asimismo, utiliza otros indicadores “contextuales” de libertades definidas bajo un enfoque totalmente liberal –libertad de expresión e información- que le mereció la descalificación de la academia y del periódico inglés The Economist.

El triunfo de Rodas llegó acompañado de capital nacional y extranjero con una apariencia altruista en el corto plazo, pero que se convertirá en un ‘capital buitre’ en el largo plazo, dicen los analistas ecuatorianos. Obviamente, sus asesores intentarán dar una muestra de alcalde con una gestión exitosa en los próximos años para construir su candidatura a la Presidencia.

Rodas no confronta contra Correa, en este nuevo corrimiento del relato de derecha latinoamericana, que procura presentarse como post-neoliberal, entendiendo que no puede confrontar con un líder que tiene el 57% de los votos. Para llegar a la alcaldía quiteña elaboró su campaña con asesores como Jaime Durán Barba (ecuatoriano que trabaja en la candidatura presidencial del argentino Mauricio Macri) y el venezolano J.J. Rendón, asesor de imagen de los líderes caraqueños de esta nueva derecha.

En el caso de Ecuador, los manejadores de imagen han entendido que no valen los discursos del banquero Guillermo Lasso para hacerle sombra a Correa. La derecha ahora busca perfiles alejados de la partidocracia con gente nueva, joven.

Rodas fue vicepresidente de las juventudes socialcristianas, partido que instauró un régimen de torturas, desapariciones forzosas y terrorismo de Estado durante el gobierno de su líder máximo, León Febres Cordero (1984-1988), según la Comisión de la Verdad. Más allá de eso, la imagen creada es de un hombre venido de afuera. Por ello, las críticas de no conocer mucho Quito ni el país. Carece de un pasado partidocrático, muestra un discurso amigable, que no ofrece pelea frontal contra liderazgos ya construidos como el de Correa.

Esta estrategia tiene como antecedente la campaña de Juan Manuel Santos en Colombia, orientada también por J.J. Rendón, con un discurso menos confrontativo que su antecesor Álvaro Uribe (de quien fue ministro de Defensa) y que ha marcado un ejemplo de apoyo electoral. Esta nueva estrategia resurge concretamente con Rodas en Ecuador.

Los asesores

Rodas está rodeado de una serie de actores vinculados a la ultraderecha, investigados por actos de corrupción, violación, abiertos desestabilizadores de los gobiernos progresistas y buscados por la policía internacional (Interpol), además de dos “asesores de imagen” como lo son Durán Barbas y J.J. Rendón.

Rodas cuenta con el apoyo del venezolano Armando Briquet, amigo personal y uno de los principales asesores y financistas de Capriles (quien lo invitó a “observar” los comicios en su país) y, a la vez, uno de los elementos más activos en el proceso desestabilizador en Ecuador, a donde, según denuncias oficiales, habría llevado “mano de obra” violenta desde Venezuela.

Tanto Capriles como Briquet –quien es el enlace de los sectores más violentos de la oposición venezolana con Rodas- tienen estrechas relaciones con el ex presidente colombiano Álvaro Uribe, a quien, coincidentemente, asesora J.J. Rendón.

En el consejo asesor de Ethos están los venezolanos Moisés Naim y Ricardo Haussman, ex ministros de Carlos Andrés Pérez y ex altos funcionarios del Banco Mundial y del FMI, y Enrique Krauze, intelectual mexicano de extrema derecha. Entre los asesores del alcalde de Quito -en materia de estancias infantiles- se encuentra Ignacio Muñoz Orozco, empresario y político mexicano, dueño de la cadena de tiendas de ropa María Ferré, buscado por EEUU por lavado de dinero para el cartel de Sinaloa.

*) Álvaro Verzi Rangel, sociólogo, integrante del Observatorio en Comunicación y Democracia.

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