Chile: los Matte y los Kast, responsabilidades criminales

 

Chile: los Matte y los Kast, responsabilidades criminales

Por Marcel Garcés* – Crónica Digital – agosto 2015

Varios hechos se conjugaron en los últimos días para sensibilizar a la opinión pública chilena sobre los crímenes de la dictadura militar derechista instalada en el país, a partir del 11 de septiembre de 1973.

El fallecimiento, el viernes 7 de agosto, del esbirro favorito de Pinochet, Manuel Contreras Sepúlveda- cabecilla de la siniestra Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), repuso en la agenda pública el tema de la impunidad, de los pactos de silencio que persisten en las Fuerzas Armadas, y la mantención de las heridas debido a la falta de total verdad, justicia y reparación.

A la muerte de Contreras que dejó inconclusas sentencias de prisión por más de 500 años, se sumó el jueves 13 el suicidio del general Hernán Ramírez Rurange, ex jefe de la Inteligencia militar, quien tomó la drástica decisión para eludir la condena de 20 años y dos días por el secuestro y asesinato entre 1991 y 1995, del agente de la Dina, el químico Eugenio Berríos , y por asociación ilícita.

Ramírez Rurange, era el oficial de más alto rango entre los 14 condenados por el llamado caso Berrios, uno de los episodios- perpetrado en la naciente transición a la democracia, que devela los métodos mafiosos utilizados por la dictadura con sus propios servidores.

Pero el tercer acontecimiento- y sin duda el que adquiere la mayor relevancia, fue la presentación éste sábado 22 de agosto del libro “A la sombra de los cuervos-Los cómplices civiles de la dictadura”, del periodista Javier Rebolledo.

Ante unas 700 personas, en el Club Providencia, en conceptos del editor de Ceibo Ediciones, Dauno Tótoro, en el prologo de la obra, se entregó lo que viene a ser un testimonio documental, un “Yo acuso”, no solo del encubrimiento y justificación, sino de la clara complicidad y participación del empresariado en los peores crímenes de la dictadura militar-derechista de Augusto Pinochet y las Fuerzas armadas.

Se trata, dice Tótoro, “de una complicidad que va mucho mas allá de los silencios, de las “anteojeras”, de la “falta de información”, o de “errores de percepción”. Fue una complicidad material y efectiva”.

“Quienes se enriquecieron  y diseñaron a su antojo el país (y la Constitución) que les garantizara la continuidad de sus prebendas, también participaron directamente en el secuestro, asesinato y ocultamiento de cuerpos. No en términos simbólicos, no por omisión, sino de forma directa”, estableció-

En el libro se ejemplifica esta relación criminal, en dos casos concretos: la desaparición y muerte de 19 trabajadores de Laja y San Rosendo, y la de 70 campesinos de Paine.

En el primer caso, y en estos mismos días, en los tribunales se han develado detalles estremecedores de la masacres de los trabajadores de Laja y San Rosendo y de las responsabilidades de ejecutivos y de la empresa propietaria de la Planta Laja la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones, del conocido clan Matte, que dieron la lista de quienes había que matar, en septiembre de 1973.

Pero el libro detalla también el tortuoso actuar de otro clan que dejó una huella de sangre en septiembre de 1973: “los Kast”.

El libro indaga en el origen de la familia, partiendo del oficial nazi Michael Martin Kast Schindele, que en 1942, a los 18 años de edad, sirve en el ejército hitleriano, llegando a ser oficial, viviendo la experiencia de los combates brutales en el frente ruso, y la consiguiente derrota, “logrando escapar hacia el oeste”, en el verano de 1943, según relató su esposa, Olga Rist Hagspiel, en su libro “Misión de Amor”, que se vende en las librerías Mahringer, vinculada a la entidad religiosa alemana Shoenstatt.

A Chile llega, junto a reconocidos criminales de guerra nazis, gracias al esfuerzo conjunto del Vaticano y los servicios de inteligencia de una Alemania nazi en franca estampida (Walther Rauff, mediante), gracias a la clandestina organización ODESSA, del alemán Organisation der ehemaligen SS-Anherörigen (Organización de antiguos miembros de las SS).

En los años 50, Kast se instala en  Linderos, emprende diversas actividades agropecuarias e instala el Restaurant Bavaria.

Implantada la dictadura de Pinochet, el apellido Kast se encuentra en las tareas de planificación y economía  del régimen de facto, pero también, según la justicia chilena y el libro de Javier Rebolledo, en el accionar criminal represivo de la dictadura.

Los familiares de los 70 campesinos y trabajadores de Paine no podrán olvidar en su vida el apellido Kast, que se repite en los antecedentes judiciales del caso de los 70 campesinos y trabajadores asesinados por  la dictadura, por civiles y militares, en septiembre de 1973, una de las operaciones represivas más brutales y alevosas de las primeras semanas de la dictadura.

Don Michael, dueño del Bavaria, le dijo a Sylvia Vargas, hermana de uno de los asesinados, trabajador del restaurant, “¿Usted no sabe lo que es una guerra?”, cuando le fue a pedir que interviniera en su favor.

El 14 de septiembre de 1973, en la Subcomisaría de Paine, un grupo de civiles, empresarios de la zona, departían junto a Carabineros de un asado dieciochero, y entre ellos estaba Christián Kast, hijo de Michael Kast y Olga Rist y hermano menor de Miguel Kast Rist, un nombre más conocido en el ámbito político nacional.

Christian estaba a punto de cumplir los diecisiete años y pronto, en 1974 ingresó en la Escuela Militar, donde alcanzó a estar dos años, según testimonia el libro.

El joven Christian Kast participò en medio del festejo, en el interrogatorio de quien hizo estos recuerdos, Alejandro Bustos. Pero además confesó ante los tribunales que el restaurant Bavaria alimentó a los carabineros en los días posteriores al ll de septiembre de 1973, que integró caravanas de vehículos y vio “llegar a detenidos” a la unidad policial.

Por su parte Miguel Kast Rits, que al día del Golpe de Estado estaba en Estados Unidos, y era parte de los Chicago Boy, volvió a Chile en noviembre de 1973, para integrarse a la Oficina Nacional de Planificación del régimen dictatorial, donde asume como Subdirector, en  1975 y como ministro director, en 1978.

Pero no sólo trabajó en los gabinetes ministeriales, ya que según el ex capitán de fragata de la Armada, Luis Humberto Olavarría Aranguren, asesor financiero del jefe de la Dina, Manuel Contreras, Kast Rits junto a Carlos Cáceres fue colaborador de la Gestapo de Pinochet en la tarea de crear la red de empresas para financiar las actividades represivas internacionales, concretamente la Operación Cóndor.

Miguel Kast Rits, según sus amigos, relató Olavarría “sentía por el presidente Pinochet un afecto comparable al que los hijos sienten por su padre”.

Será por esta historia aleccionadora, rescatada para los chilenos por el periodista, Javier Rebolledo, que en la Unión Demócrata Independiente UDI, el nombre del diputado José Antonio Kast, hijo de Don Michael Kast Schindele, y hermano de Miguel y del diputado Felipe Kast, que son los políticos del clan, “suena” como un “presidenciable” del sector de los “iluminados”,  de los gremialistas, aduciendo que puede conquistar “el voto duro” del sector.

En tal sentido y según los antecedentes, no le faltarían razones ni méritos a este retoño de los Kast. Y tampoco es extraño que lo haya postulado Ernesto Silva Méndez, ex presidente de la UDI e hijo del destacado funcionario de la dictadura de Pinochet, Ernesto Silva Bafalluy, ex rector de la Universidad del Desarrollo.

El libro “A la sombra de los cuervos- Los cómplices civiles de la dictadura”, aporta antecedentes de la historia política nacional, para una reflexión necesaria, urgente y creadora.

Como apunta Dauno Tótoro al presentarla, en la obra se detalla el accionar de dos clanes, el Matte y el Kast, pero “se configura el apretado tejido de hebras que tienen nombre y apellido. Una malla delictiva, una mafia que entonces se identificó como ”asesora de la Junta de Gobierno” y que hoy está compuesta por ejecutivos, banqueros, directores de empresa, por rectores y sostenedores de universidades y colegios; por dueños de periódicos, revistas, radios y canales de televisión; por senadores, diputados, ministros, subsecretarios y alcaldes; por embajadores y funcionarios de organismos internacionales; por magnates de la minería, de las forestales, de la industria pesquera, de las generadoras y distribuidoras de energía; por abogados, jueces y notarios; por dirigentes de movimientos, partidos políticos y clubes deportivos; por médicos, curas y  autoridades eclesiásticas”.

Todos ellos son nombrados e identificados en este libro que cuenta con el debido respaldo de procesos judiciales en curso, o con condenas establecidas. Son cómplices activos (no “cómplices pasivos”, según lo dijo en su momento Sebastián Piñera) de las violaciones más atroces a los Derechos Humanos constatadas documentalmente por Javier Rebolledo en su obra.

Un libro necesario e indispensable, para completar la deuda de verdad y justicia, de castigo a todos los culpables, y de respeto a todos los Derechos Humanos, condición de una recuperación real, efectiva y justa de la convivencia democrática basada en la verdad, toda la verdad.

*) Marcel Garcés, periodista chileno.

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