Análisis de Entorno Situacional Político- Venezuela

La desesperación es mala consejera

La resaca -el ratón- pos-OEA del presidente de la Asamblea Nacional Venezolana, Henry Ramos Allup, es de dimensiones sorprendentes. Hemos tratado de explicarnos dos de los recientes delirios de este hombre transido entre la soberbia y la frustración. El primero es su interpretación expresa de lo que sucedió el 23 de junio con su vana intención de hablar en la OEA contra Venezuela: “No quisimos agregar un ingrediente más de tensión, por nuestra propia voluntad preferimos hacer la reunión afuera y fíjense  en los resultados, sacrificamos lo accesorio para que se produjera lo principal”. Esto nos recuerda al hombre que hace el siguiente reclamo a un amigo: “Si no me invitas a tu fiesta, no voy”. ¿Quién dijo que Ramos Allup hablaría en la OEA que no fuera él mismo? No había ni la más remota posibilidad de que esto ocurriera y el show mediático que se pretendió montar terminó brindándonos una imagen patética: el tipo reunido, en no sabemos qué salón, viendo la sesión por TV, acompañado por un “solitario grupo” (¡vaya oxímoron!) de dirigentes opositores, al cual se le sumó nada más y nada menos que… ¡El prófugo Rafael Poleo! Aquello parecía más bien un grupete de asistentes a un velorio viendo, en algún rincón de la funeraria, un juego de la Copa América.

            El otro delirio del presidente de la AN es este: “Lo más importante era que hicieron lo  que el Gobierno no quería y que se activara la Carta, como se activó” (¡¿?!). Esto es el sueño de un amante rechazado. La verdad es que, al menos por ahora, el informe de Almagro reposa en alguna gaveta de la sede de la OEA en Washington y ni siquiera ocurrió algo parecido a la activación de la fulana Carta Democrática. Si esto hubiera pasado realmente, habría en el mundo un escándalo de padre y señor mío.

            Ahora bien ¿por qué un político tan avezado y veterano anda como loco diciendo dislates como esos? Quizá debamos buscar las razones en un artículo del analista opositor Luis Vicente León, titulado sugerentemente “¿Cuándo se acaba esto?”, publicado el pasado domingo en El Universal, y el cual vamos a citar prolijamente, para ahorrarnos explicaciones: “… la historia demuestra que las crisis económicas severas suelen ser desastrosas para los gobiernos en las elecciones, pero no son los disparadores clásicos de las rebeliones populares que tumban gobiernos… la tesis de que el gobierno está totalmente debilitado y la oposición fortalecida es una afirmación atrevida. Una situación en la cual el gobierno defenestra diputados adversarios, se vuela la supermayoría calificada en su contra, bloquea todas las decisiones de la Asamblea Nacional y los pone a hacer maromas inventadas para bloquear el ejercicio de un evidente derecho constitucional como el Referendo Revocatorio, mientras la oposición no puede hacer absolutamente nada más allá que jugarle el juego, no proporciona argumentos muy sólidos para demostrar la hipótesis de reversión en las fuerzas del país… la relación entre el gobierno y el sector militar, que participa activamente en una especie de cogobierno es, por ahora, fuerte. No hay que ser demasiado perspicaz para entender que deben pasar muchas cosas primero antes de que se revierta esa relación… las organizaciones internacionales regionales, que intentan presionar cambios o negociaciones, tienen algunas limitaciones vinculadas al hecho de que los poderes ejecutivos que monopolizan la representación en ellos no pueden hacerle a otro lo que no les gustaría que les hagan a ellos… la oposición se divide frente a la forma de lucha contra el gobierno: algunos creen en el Referendo Revocatorio, otros preferirían socavarlo con una elección de gobernadores y otros piensan que los anteriores son una partida de gafos que no entienden que esto no será electoral”.

            En esa larga cita está la clave del asunto: la oposición empieza a desesperarse ante la evidencia de que no tiene con qué tumbar al Gobierno. Está atada de manos. Esto tiene un efecto colateral que empeora la situación de la derecha criolla: su evidente tendencia al fracaso desmoraliza a su base social, mucho más cuando se le crearon tamañas falsas expectativas después de los resultados del 6D. Y lo que es peor, tiene en frente una fuerza para nada pequeña en proceso acelerado de remoralización, que está obteniendo victorias, anda todos los días en la calle, en tono triunfal y alta disposición combativa. El chavismo comienza a distanciarse hacia adelante en la batalla simbólica.

            En resumidas cuentas, la oposición y señaladamente Ramos Allup tienen razones para entrar en desespero, y para decir y cometer disparates. La más reciente “boutade” del presidente de la AN es haberle dado un sonora patada a la propuesta de diálogo que cuenta con el mayor apoyo internacional, la que ha presentado la Unasur: “No nos vamos a reunir en República Dominicana y eso no lo puede determinar nadie, ni la comisión de facilitadores… Las condiciones del diálogo, si es que se produce, por parte de la oposición las determina la  oposición… Por lo pronto no nos vamos a reunir más en República Dominicana”. La desesperación es mala consejera.

 Néstor Francia 28/06/16

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